lunes, 8 de octubre de 2012

Entre ruinas





¡Mira! En helicóptero seguro se vería imponente, esta civilización, como cualquier otra.
Mientras avanzamos sigiliosamente por las orillas del cerro, escucho al guía : no te preocupes, hay una parte plana, y dando trastumbos solo alcanza  decir: Jala el timbre, ¿jalo el timbre?, vaya un timbre para elevador, elevador para coche, solo unos cuantos se daban esa comodidad, y hoy, somos de esos.
Llegamos y la dependienta, una chica sacada de un algún anuncio de años 60. 
Nada afable entonaba la canción de bienvenida, ofreciendo waffles al final, ¿Y los grillos?
Ya en la cima, veia una piramide desde otra, recordaba la entrada a casa, esa pequeña rejilla de madera con alambre, y desde esa piramide pude ver el patio trasero, donde alguna vez caminé sólo, y en pleno trance.
Fue la vez que huí de un jaguar, cruce la montaña sobre la polea, pero pronto el felino no tardo en darme alcance, recuerdo haber invocado el perdón a la vida, e imagino el hizo lo mismo, los dos salimos triunfantes sin ningun rasguño.
Ki!


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